domingo, 25 de septiembre de 2016

GALLOS QUIEBRAN ALBORES

Por fin ha llegado la primera tertulia de Gallos Quiebran Albores de la temporada 2016 / 2017, llegamos con nuevos bríos e ilusiones renovadas y con alguna sorpresa, se reincorporó Francisco Rangel después de varias tertulias  ausente, bienvenido Paco si vienes para sumar como es el deseo de todos los miembros de la tertulia.







En este primer encuentro hemos puesto las bases de lo que esperamos sea un impulso para que el camino hacia el XXV aniversario de esta asociación (ya a la vuelta de la esquina) sea enriquecedor y logre sumar nuevos tertulianos



La tertulia de hoy la hemos dedicado a leer poemas de algunos autores Extremeños, ha sido muy interesante observar cómo nos sorprendían gratamente la mayoría de los poemas que se han leído. Uno de los acuerdos a los que hemos llegado es precisamente el de dar preferencia a esta faceta.










Si te apetece aportar ideas, participar de las nuestras o simplemente ir a escuchar poesía, no dudes en pasarte por la biblioteca Jesús Delgado Valhondo los días de tertulias, serás bienvenida/do, próximamente informaremos con un calendario de las fechas asignadas a las tertulias, ven anímate y disfruta de la poesía.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Entrevista al poeta Eladio Méndez


La Memoria Encendida




Entrevista al poeta Eladio Méndez con motivo de la publicación del poemario:
POR ANA PATRICIA SANTAELLA
A.P- Antes de empezar y como agradable preámbulo a esta entrevista, ¿Qué recuerdos infantiles evoca con ternura?  Afortunadamente son muchos los momentos de mi infancia que me evocan ternura, por mencionar algo concreto diré que el amor que sentía cuando mi madre me miraba al ofrecerme un pedazo de pan con aceite y azúcar o la complicidad con que mi abuelo me  daba un trocito de patata cocida aún caliente y rebozada en azúcar,  siempre decía que mami no podía enterarse, que ese era nuestro secreto.

A.P-¿De qué trata su reciente poemario la “Memoria encendida”, ¿Qué temática o temáticas lo inspiran y recorren?  La poesía que contiene este libro la encuadro dentro del movimiento de poesía de la conciencia, aunque en el mismo se puede apreciar lo que yo denomino poesía del recuerdo histórico (la transmisión verbal de la injusticia que sufrieron nuestros mayores).

A.P- Vemos que hoy hay mucha confusión con respecto a la poesía, mucha prisa a la hora de escribirla y escasos criterios al concebirla.Eladio Méndez_523x432
    ¿Qué elementos no son prescindibles, que debemos salvar a toda costa? No es difícil contestar a esta pregunta, aun partiendo de la base de que la poesía es ritmo, melodía, sentimiento,  musicalidad y Autenticidad, no me importa  excluir de el poema algunos de estos elementos, pero si hay algo de lo que no puedo prescindir, es de la autenticidad, el sentimiento y el mensaje con el cual quiero llegar al lector. 

A.P- ¿Cuáles son sus poetas y narradores favoritos?  Afortunadamente son muchas las voces con calidad que pululan por las páginas de la literatura, pero  si he de quedarme con unas cuantas serían:José Martí, Juan Ramón Jiménez, María Teresa León, Miguel Hernández, Charles Bukowski Roque Dalton,  Antonio Orihuela y  Ana Pérez Cañamares. En cuanto a narradores, mencionaría entre otras a Jorge Luis Borges,  Miguel Delibes Alejandra Pizarnik, Ana María Matute, Carmen Laforet Mario Benedetti y Jesús Carrasco

A.P- Usted es un hombre bastante comprometido, denuncia con frecuencia en Extremadura, injusticias sociales que se están dando. ¿Qué nos puede decir de la precariedad consentida y alentada por parte de los poderes públicos y las instituciones?  No tengo la menor duda de que la precariedad que está sufriendo el pueblo extremeño especialmente en estos últimos años se debe a una estrategia bien planificada por intereses espurios y ejecutada a la perfección por los perros obedientes que sirven a sus amos y que instrumentalizan la pobreza como elemento de presión para someter a la masa trabajadora.

A.P-Ha vivido muy de cerca iniciativas que provienen del pueblo, de la misma gente. ¿Nos lo puede contar, cree que repercuten o sensibilizan lo suficiente? La lucha del pueblo contra la injusticia social es inherente a la explotación misma  de las clases oprimidas, por lo tanto comentar aquí todas y cada una las iniciativas que hemos desarrollado  en estos últimos años sería largo y tedioso, pero si quiero resaltar que una de las decisiones  más importantes de estos últimos tiempos, es sin lugar a duda la creación de los Campamentos Dignidad (20/02/13) El germen de esto, se remonta al año 2012 con la creación de la Plataforma por la Renta Básica en Extremadura cuyas  primeras acciones fueron la recogida de 27.000 firmas que avalaban una I.L.P, asambleas informativas contra los desahucios y denuncias constantes ante las instituciones autonómicas para hacer visibles los problemas de paro y precariedad y exclusión social.
En cuanto a la pregunta de que si estas acciones repercuten o sensibilizan lo suficiente, creo que con decirle que los Campamentos Dignidad se multiplicaron por diferentes puntos de Extremadura y que hemos conseguido que militantes de los mismos,  hayan logrado ser diputados electos en la Asamblea de la Junta de Extremadura, la pregunta queda contestada.

A.P- ¿Puede contarnos lo que siente al escribir, ¿cómo lo definiría A veces siento contrariedad y frustración cuando tengo dudas sobre si lo que he  plasmado  sobre el papel es en realidad lo que he querido escribir,  otras en cambio, liberación emocional, yo escribo para evitarme una ulcera en el  estomago y aun así, hay veces que la boca me sabe a sangre.

A.P-De los múltiples eventos y actos  literarios y culturales en los que ha participado, ¿recuerda alguno que le haya FOTO CUBA_512x768impactado en particular? Si, del primer acto que tengo un recuerdo especial es de la primera vez que asistí a los encuentros de Voces del Extremo, invitado por el poeta hermano Antonio Orihuela, donde la casualidad quiso que usted y yo pudiéramos conocernos y compartir versos y abrazos. Pero si algún acto ha quedado marcado a fuego en mi memoria  fue una lectura de nanas de mi libro “Arrullos” que realice en un colegio infantil de la Habana, los niños me abrazaban, tocaban mi barba y no dejaban de pedir que les leyera una y otra vez esos poemas que decían gustarles tanto, fue un acto inolvidable.

A.P-¿Somos una sociedad sin valores? ¿Si así fuera, es esto irremediable? Aunque no se puede generalizar, sí,  creo que una parte importante de esta sociedad carece de valores, si por valores entendemos el cúmulo  positivo de normas que determina la conducta de una persona, estos han sido prostituidos por el sistema capitalista que estimula la competencia personal sobre lo colectivo, travistiendo la decencia, la honradez  y el acatamiento a las leyes, en  mentira,  corrupción y deshonor.
Contestando a la segunda parte de la pregunta, mi convencimiento es que nada está perdido siempre que contemos con una vanguardia de ciudadanos/as dispuestos a enfrentarse a este maldito sistema.
A.P- Desde el punto de vista de la equidad social. ¿Qué haría falta para mejorar la sociedad, es viable la redistribución de la riqueza, o estamos abocados a la desigualdad sin remedio?  En primer lugar, hacer ver a los gobernantes que mantener las condiciones laborales que dictan los mercados, como abstractamente ellos les gusta definirse, contribuye al enriquecimiento de unos cuantos en detrimento del pueblo. Tienen que entender que destruir el medio ambiente en beneficio de las grandes corporaciones sólo nos llevará al desastre como especie. Tenemos que forzar a los gobiernos a que cumplan con las funciones para las que fueron elegidos, es decir legislar para el pueblIMG_20160801_230040_584x565o, distribuir la carga fiscal de manera justa e invertir en justicia social  no sólo hasta alcanzar los niveles perdidos, si no hasta lograr elevar los servicios públicos de tal forma que se pueda beneficiar de ellos hasta el último ciudadano del país, un primer paso sería una renta básica universal que contribuyera a cubrir las necesidades vitales a la que toda persona tiene derecho por el mero hecho de haber nacido
En cuanto a la redistribución de la riqueza, no sólo es viable, es imprescindible que se haga realidad, un  uno por ciento de la población mundial no puede pretender mantener esclavizado al resto de la humanidad para satisfacer su codicia.

A.P-¿Le tienta escribir novela u otro género literario al margen de la poesía?
Estas cuestiones no me las  planteo,  aunque he de reconocer que hay  veces que rondan por mi  cabeza historias  que me gustaría plasmar en papel,  de hecho ya hice mis pinitos,  escribí una novela, por cierto sin ningún éxito según mis amigos,  a los cuales martiricé con su lectura, también suelo hacer incursiones en el género del relato corto.

A.P- Antes de despedirnos, ¿Le gustaría añadir algo? Sí, algo anecdótico,  alguien me preguntó en una ocasión que si en mis poemas había odio y rencor y quiero decir que aunque en mis poemas hay mucho sentimiento emocional no son esos precisamente de los que se nutren, mis poemas están escritos desde la humildad del que sabe que esos sentimientos son una rémora demasiado inútil y pesada para llevarla a cuestas, mis poemas están escritos desde el respeto pero también desde la rabia que me producen las injusticias. 
Poema de Eladio Méndez, para Susana Chávez in memoriam. Extraído de su libro “la memoria encendida”. Recitado por Juan Calle.
Ya estáis de nuevo entre nosotros
Como quien tacha un garabato
en el folio infantil de la memoria.
Así quisieron ocultar vuestras ideas.
Vuestros nombres, horadados con la materia del odio
se hicieron silencio en el abismo recóndito del tiempo,
tan sólo a eso aspiraba la inopia del fascismo. A silenciar.
Y ahora, en un clamor geológico honrados regresáis:
Suárez Fresno, Alfonso. Y una hebilla militar de Infantería,
para cerrar heridas.
Rodríguez Ruiz, Francisca. Para invocar la ausencia,
una medalla de la Virgen del Perpetuo Socorro.
Sayabera Miranda, José. Como muestra de compromiso a un ideal,
dos anillos de hombre, tipo sello.
Gallardo Pajuelo, Cosme. Una mina de lápiz,
para dibujar el alba.
Guerra Rodríguez, Joaquín. Una prótesis dental,
para masticar el amargo dolor.
Barrero González, José. Para alumbrar caminos,
un mechero tipo zippo.
Méndez Fernández, Tomás. Una moneda de una peseta,
para compartir.
Murillo-Borregas Calderón, Antonio. varios botones,
para fijar proyectos.
Morillo Sánchez, Matilde. Para guardar abrazos y suspiros,
una cartera de plástico o acetato.
Morillo Serrano, Francisco. Una lendrera,
para arrancar miserias.
Girón Sánchez, Orencio. Para no olvidar quienes somos,
un espejo.
Tena Sánchez, Manuel. Para cerrar los puños,
unos gemelos.
Balsera Sánchez, Antonio. unas gafas,
para atisbar con nitidez al enemigo.
En estos nombres están todos los nombres.
En estas pertenencias todas las identidades.
En nosotros la prolongación de vuestras lucha.

sábado, 9 de julio de 2016

Comentario de Antonio Salguero Carvajal

LA MEMORIA ENCENDIDA de Eladio Méndez
(Madrid, Amargord, 2016)

Por fin Eladio Méndez se ha decidido a editar un libro y lo ha hecho, sin pretenderlo, por la puerta grande, pues quien conoce su historia poética no tiene más remedio que descubrirse ante la evolución poética que ha experimentado desde un verso humilde hasta una poesía sólida. Además, como esta evolución la ha realizado de una forma serena, observadora, reflexiva y extensa temporalmente, el resultado es un libro maduro y distinto a lo que suele leerse hoy día, porque Eladio Méndez no se autocomplace contando sus amores y sus pesares sino preocupándose por los problemas que sufren los demás a causa de la injusticia, la pobreza, la insolidaridad, el olvido histórico y la trayectoria que sigue el mundo hacia la nada por los intereses económicos de unos cuántos a los que no les interesa sus semejantes ni el mundo, pues solo quieren (no comprende para qué) acumular dinero, el dios todopoderoso que hoy malgobierna el orbe.

Resultado de imagen de la memoria encendidaPor este motivo La memoria encendida es un libro reivindicativo, crítico y muy muy humano, pues su autor pone el dedo en las llagas de los heridos, muertos y desplazados por los conflictos bélicos, de los obreros explotados por ambiciosos empresarios, de las personas comunes que solo desean sobrevivir dignamente y se les niega la vivienda y el pan para sus hijos: “Quien alguna vez pisó el campamento / y se dejó empapar de abrazos fraternales, / quien ha bebido de la garrafa solidaria / custodiada por Teresa, / quien ha compartido almuerzo / con Petri, Ana, Maite, José, /[...] / sabe bien que forma parte indisoluble / de esta causa llamada dignidad” (“Campamento dignidad”, 91).

No es de extrañar que La memoria encendida mantenga el ánimo del lector en una continua conmoción, pues lo obliga a mirar detrás de la realidad para descubrirle que, al otro lado de la aparente normalidad, siempre hay dolor, hambre, miseria, persecución, muerte, emigración forzada, trabajo esclavo: “En la galería de la academia de Florencia / un David / tallado en piedra de mármol de Carrara... // Mientras tanto, / el granito, el mármol, el cuarzo, / la pizarra y el carbón / aguardan en la mina / las hábiles manos / de los hijos del llanto” (20). Por este enfoque crítico, La memoria encendida es un poemario que se sale del consabido, inútil y egocéntrico lamento personal por el tiempo ido, el amor acabado o la muerte que llega presurosa pues Eladio Méndez, en un gesto solidario, ha elaborado un libro comprometido con los más indefensos: “Tus manos, niño ausente, / han de estar preparadas para pintar el alba, / para inventar luceros / que iluminen crepúsculos, / para escribir la palabra esperanza / en la boca del viento. // Tus manos niño, tus manos, / si algo han de destruir / que sea la intolerancia” (“Niño soldado”, 21).

Con ese acto directo, valiente e impetuoso que traslada los hechos a la palabra poética, Eladio Méndez consigue remover conciencias aburguesadas que, en un principio se compadecen de las desgracias ajenas, pero que enseguida olvidan y vuelven a la rutina de sus vidas insolidarias: “Oprimo un botón, / del mando a distancia / y surgen noticias / en el televisor. / Indiferente, / observo las desgracias / de países lejanos, / hasta que llega la hora / del tiempo y los deportes. / [...] / Me siento contrariado, / se avecinan tormentas / y mi equipo vuelve a perder...” (“Oprimidos”, 88). O sea, Eladio Méndez urga en las conciencias acomodaticias y las invita a abandonar la actitud farisaica diciendo en voz alta y clara aquello que no interesa de cara a la galería o por miedo, cautela o simple aburguesamiento, pues a quién no se le revuelve la conciencia cuando es testigo de injusticias manifiestas: “Sobre una playa de arenas agitadas / una madre sin leche en los pechos. / Una escuela arrasada. / Un anciano divagando en el miedo / y un niño sin sangre en la infancia” (30).

Además La memoria encendida resulta un sorprendente y novedoso poemario, porque muestra cómo Eladio Méndez ha sabido esperar, hasta el punto de dar una lección de humildad y sentido común a quienes lo conocen desde sus sencillos comienzos poéticos, pues se ha ganado a pulso una voz poética inconfundible en un ámbito temático, hoy día, casi virgen. La razón se encuentra en que ha asimilado comentarios, lecturas, versos, opiniones de otros, calladamante, pacientemente, de tal manera que ahora su voz suena potente y segura con una profunda verdad, que imprime confianza y consistencia a su contundente discurso: “Si quieres entender / la ley de la gravedad, / levanta tu voz / contra la injusticia. // Comprenderás / la gravedad de la ley” (“La ley de la gravedad”, 42).

Es difícil conocer otro caso de aprendizaje y consolidación poética tan patente como el de Eladio Méndez. De ahí este libro denso, inusual, justo en sus proporciones tanto emocionales como físicas, intenso en su contenido, sin desperdicios retóricos, donde el poeta no da respiro a su inconsolable denuncia de tanta injusticia, tanta desigualdad, tanta miseria moral, material y cultural. Así su verso incendiado llega al centro de la conciencia, la agita, la intranquiliza y la hace reflexionar sobre hechos luctuosos que han sucedido (como la guerra civil y sus consecuencias nefastas) y siguen sucediendo (como la emigración masiva de personas que huyen de la miseria): “Los principales valores bursátiles / cotizan al alza / con una subida próxima al tres por ciento... // Mientras observo cómo un niño famélico / mendiga en un semáforo. // Me pregunto en voz baja / ¿qué valor tendrá hoy la banca Vaticano?” (“Sobre el valor de las cosas”, 59).

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No obstante Eladio Méndez no usa un discurso lineal sino que sabe ser tierno cuando denuncia (“Abuelo, / yo me quedé sin la ternura / de poder sentarme sobre tus rodillas... // A ti, / te arrebataron la libertad, / la vida, / y hasta tu nombre. // A mí, la oportunidad / de poder escuchar / de tus labios un cuento”, “El hurto de la historia”, 45), lírico aunque cuente un hecho espeluznante (“De nombres femeninos / en labios lacerados por el miedo, / de miradas perdidas, / de juicios sumarísimos y muerte. // Y sin embargo mira como crecen / el lirio, la genista / y la amapola, rezumando vida / en ese erial de sombras”, “La Gamonita”, 46) o diverso cuando lanza sus críticas contra los que no quieren oír hablar de la memoria histórica (18), la precariedad laboral (48), la hipocresía (“La moral,amigos míos, / no cabe en los negocios, se jactaba gritándolo en voz alta. // Este ciudadano, / honesto a ojos de su santa madre iglesia, / todas las mañanas a las ocho en punto / recibía la comunión”, 56) o la doble moral (“Años antes, el mismo policía / había golpeado con sus propias manos / el rostro de un chaval / que escribía en una pared: / amnistía y libertad para Joaquín”, 85).

También arremete contra los bienpensantes (88), los políticos (63), las multinacionales (53), la Iglesia y el Clero (57), el pasado franquista (71) y la democracia (72). Es decir, Eladio Méndez no queda títere (que se aproveche de los demás) con cabeza y su mejor arma es la ironía: “Que se casaran, vale, que comieran perdices, / también, / pero eso de que fueran felices, deberíamos ponerlo en cuarentena. // Imaginad por un instante / que las perdices hubiesen sido criadas en granja / y alimentadas con maíz transgénico / de la multinacional Monsanto” (“El cuento”, 55).

En fin, La memoria encendida es un libro personal, una seña de identidad de un tal Eladio Méndez que goza de una tremenda fuerza interior, proporcionada por años de silencio rumiando injusticias y miserias propias y ajenas. Es, en realidad, este libro una potente llamada de atención de la gente normal, de la gran mayoría que solo quiere vivir sencillamente, decentemente y no la dejan, pues el poder económico quiere llevarse todas las ganancias. No obstante, es necesario advertir que su denuncia no lo distrae de cuidar la expresión, aquí con el objetivo de que la poesía no solo sea un medio estético sino que, aprovechando sus recursos literarios, sirva para algo tan necesario como denunciar la injusticia comenzando por la nitidez del mensaje, para que llegue directa tanto a los insolidarios como a los lectores.

asalgueroc

viernes, 29 de abril de 2016

La memoria encendida

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POESÍA PARA EL POBRE, POESÍA NECESARIA
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El 13 de enero de 1935, meses antes de morir, cuando ya tenía en su haber una de las obras líricas más relevantes de toda la literatura contemporánea, Fernando Pessoa escribía a su amigo Adolfo Casais Monteiro: “Soy uno de los pocos poetas portugueses que no decretó su propia infalibilidad, ni toma cualquier crítica que se le haga, como un pecado de lesa divinidad” (En Obras Completas, I, edición de M. Ángel Viqueira, Barcelona, Ediciones 29, 1990, pág. 319).
Cuántas veces acuden a estas consideraciones del escritor luso ante la obstinada vanidad de otros colegas suyos, situados en las antípodas. Lo mismo que se agradece encontrarse a personas como el autor de La memoria encendida, libro capaz de reconciliarte con la humanidad y la literatura.
Del autor (Castuera, 1957), tan vinculado al grupo emeritense “Gallos quiebran albores”, hace Antonio Orihuela una magnífica presentación en el epílogo que pone a la obra antes citada. “No conozco un poeta más limpio, que este Eladio Méndez, más fino, más fraterno, más despierto a las mentiras del Estado y del Capital, un poeta más hecho en la casa de la memoria que él, más encendido allí que él, porque desde esa memoria, esa genealogía de la desposesión radical que significa haber interiorizada la herencia de los suyos, ha sabido desde allí crecer, no equivocarse, tener, desde niño, bien claro quién es el enemigo, con quien nos jugamos los cuartos”, escribe el profesor, ensayista y poeta onubense afincado en Extremadura. Lo proclama también Manuel González, con diferentes términos, en el sucinto prólogo.
Los poemas de Eladio Méndez denuncian la explotación de los niños (soldados, callejeros, indigentes…), la corrupción política, las pateras, el orgullo de los poderosos, la explotación de los trabajadores,  la amoralidad en los negocios, el hurto de la historia, las trampas legales y las bendiciones para consagrar todo esa putrefacción. Le gusta preguntarse, con B. Brecht, si no  hay manos humildes, anónimas, que construyen, conducen, curan, siembran y cosechan tras los grandes nombres.
Como Celaya,  Méndez nos apunta al pecho la pistola poética, a ver si consigue desterrar la abulia colectiva ante un mundo radicalmente injusto. A veces, el lenguaje se le atropella por la indignación e incurre  hasta en el exabrupto, alejándose de lo política y hasta líricamente correcto. Pero su poesía está más próxima del manantial sereno, de la palabra dura, pero contenida, que del grito rabioso.  Algún rasgo humorístico (véase lo que escribe acerca de su amigo Bakunin, personaje bien diferente al famoso anarquista ruso) acude a menudo para aliviar tensiones. Por lo demás, es sus versos, blancos y libres, no es difícil percibir imágenes espléndidas, confesiones como  “la precariedad ilusa/ de un párpado desnudo”  (pág. 30); “con precariedad habito/en los suburbios de la esperanza” ( pág. 35 );  “el transcurrir del tiempo/se mide con clepsidras de llanto” (pág. 75) o “un dolor cercano a nuestro pecho, un lirio encerrado en el ámbar del miedo” (pág. 79).
“Leo el incendio que traen estos poemas de Eladio Méndez y me reconozco en el poeta que escribe, en su orgullo proletario, en su extracción humilde y humillada, en su infancia de carencias que le doctoró para siempre en humanismo y solidaridad”, escribe Orihuela y lo suscribimos plenamente.
Eladio Méndez, La memoria encendida. Madrid, Amargord, 2016